martes, 3 de septiembre de 2013

Castillo del Adaja


El castillo de la villa de Arévalo se encuentra en un extremo de la población del mismo nombre, en la provincia de Ávila, al borde de una zona de meseta, cuyos cauces le sirvieron de foso natural. Arévalo fue repoblada en el siglo XI tras la toma de Toledo. El castillo fue mandado construir a mediados del siglo XV por Don Álvaro de Zúñiga, y a su muerte pasó a manos de los Reyes Católicos. Posteriormente fue convertido en prisión hasta el siglo XVII, y durante la guerra de Independencia fueron eliminadas sus defensas. En el siglo XIX con la Guerra de Sucesión y la de Independencia fue arruinándose paulatinamente, aprovechándose su recinto como cementerio hasta el siglo XX.


Su función principal fue la de servir de prisión para personajes de renombre. En él fue encerrada Doña Blanca de Borbón por su esposo, el rey Pedro I el Cruel. Posteriormente, en 1592, Felipe IV mantuvo prisioneros entre sus muros al príncipe de Orange, Don Guillermo de Nassau, y a su custodio, el capitán Don Diego Osorio. En el castillo de Arévalo se mezclan con singular belleza la piedra y el ladrillo. En su construcción se ve cierta influencia italiana.


Su planta es pentagonal y posee una gran torre del homenaje. De la fortaleza partían las murallas que envolvían la población. En los lienzos del castillo no aparece vano alguno, lo que confirma su carácter defensivo. Los cubos circulares sobresalen muy poco del adarve, dando lugar a dos alturas, la de la torre del homenaje y la del patio de armas. Destaca el matacán corrido de la fachada, y se puede ver también la original cornisa de ladrillo decorada con arquillos apuntados, y la gran cantidad de huecos de sus paredes preparados para disparar.


La robusta torre del homenaje se levanta en vértice derecho delantero. La obra primitiva era mudéjar y estaba hecha en piedra. Más tarde fue recubierta por otra, también de piedra, que le dio la forma redondeada. Solamente en esta espectacular torre se abre una ventana y varias troneras de buzón, marcando así su importancia guerrera.


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